¿Cómo debe relacionarse Europa con China?

Juan Antonio Falcón Blasco - 15/05/2019

 

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La evidente y manifiesta voluntad de China de establecerse como una superpotencia, no solamente económica, sino también militar hace que otros actores de la escena internacional tengan que replantearse sus relaciones con el gigante asiático. En el caso de Europa el asunto urge más puesto que mantiene con este país una creciente relación comercial y financiera, y es sujeto pasivo de los vaivenes de las tensiones entre estadounidenses y chinos.
 
De hecho, la Comisión Europea ha replanteado su postura respecto a las relaciones entre la Unión Europea y China al constatar que el gigante asiático no solamente ha desplazado a los europeos de África en varios sectores de influencia, sino que está ocupando sectores estratégicos en el propio suelo europeo y creando tensiones entre algunos Estados miembros. El hasta hace poco deseado inversor oriental ha pasado a ser un “rival sistémico” al que hay que vigilar y acotar. Y por ello, la Comisión Europea plantea un futuro marco de relación con China basado en una estrategia de activa defensa de los intereses de los países del Viejo Continente, especialmente en temas como la competencia desleal practicada por empresas chinas, el militarismo de Pekín o un mayor control de las inversiones procedentes de este país asiático.
 
En definitiva, se teme que China llegue a dominar y desestabilizar a la Unión Europea, y que la convierta en un peón de su objetivo para instalarse como la superpotencia emergente del siglo XXI.Resultado de imagen de fotos china europa 

Desde el final de la Guerra Fría, Estados Unidos y Europa han invertido enormes cantidades de recursos para reconducir a China hacia una liberalización política y el respeto al Estado de Derecho, la sociedad civil, la transparencia y la rendición de cuentas del gobierno. Sin embargo, los resultados han sido decepcionantes ya que China se ha mantenido en el autoritarismo. Y, todavía más frustrante, ahora incluso ha comenzado a destinar recursos para programas destinados a influenciar en las democracias del planeta.
 
Esta situación es más alarmante desde hace un tiempo debido a la negativa y amenazadora experiencia que Europa está sufriendo con todos los intentos que Rusia está llevando a cabo para interferir en las elecciones europeas, y para tratar de dividir a los Estados miembros de la Unión Europea con noticias falsas o apoyando movimientos que rompen la unidad y armonía del Viejo Continente.

Entonces, la pregunta que se plantean estas democracias, y Europa en particular, es cuál es la postura que deben adoptar frente a una China que les está copiando su tecnología mientras aprovecha la apertura de estas sociedades avanzadas para promover sus objetivos ideológicos y geopolíticos.
 
Resultado de imagen de fotos china europaPrimeramente, para definir dicha postura los líderes europeos deben distinguir entre actividades con patrocinio estatal y actividades de índole cultural, cívica y educativa, entre ciudadanos y entidades del sector privado. Aunque también hay que tener en cuenta que la sofisticada operación “Frente Unido” del Partido Comunista de China (centrada en neutralizar la oposición a sus políticas y a su autoridad, dentro y fuera de China) suele utilizar para el logro de sus objetivos de la ayuda de actores del sector privado. Por ello, existe el riesgo de que incluso actividades de naturaleza manifiestamente independiente o privada llevadas a cabo en Europa puedan generar un riesgo político y reputacional para las organizaciones occidentales que tratan con sus homónimas chinas, al exponerlas a que las acusen de actuar como agentes de influencia para China.

Así, eso no debería suponer que en Europa haya que rechazar de plano cualquier oportunidad de cooperación con entidades y personas chinas. Pues eso no solamente conduciría a la pérdida de oportunidades valiosas, sino que también fortalecería la capacidad del Partido Comunista de China para controlar el flujo de información, manipular la opinión pública y moldear las narrativas que se expanden entre el gran público.

Por ello, Europa debe estar atenta a no sobreactuar. Si, por ejemplo, una empresa estatal china quiere realizar una donación a una institución académica o cultural europea, el caso hay que tratarlo con sumo cuidado, o incluso rechazar la oferta, puesto que puede situar en riesgo la reputación del receptor o limitar su libertad. Mas, si la donación viene de un empresario chino pudiente, siempre que sea transparente y no esté condicionada, se podría aceptar sin problemas.
 
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De facto, se dice que la transparencia es uno de los mecanismos más poderosos para proteger los procesos democráticos europeos contra operaciones de influencia chinas. La obligación de revelar las fuentes y condiciones de donaciones a políticos, partidos políticos e instituciones cívicas y académicas, así como el tener que publicar la identidad de los dueños de participaciones en los medios de comunicación, haría mucho más difícil al gobierno chino el ejercer su influencia a través de actores privados interpuestos. Además, un código de conducta compartido para el trato con China también ayudaría a garantizar la defensa de los valores democráticos en cualquier acuerdo o colaboración con este país.

Los europeos igualmente tienen que evitar caer en algo que es injusto y peligroso: poner en entredicho a sus propios ciudadanos de origen chino. Si bien es cierto que China haya podido valerse en ocasiones de su diáspora para obtener ventajas políticas y económicas podría incitar a algunos en Europa a sospechar de todas las personas de etnia china. Lo cual es injusto, intolerable y peligroso.

Los valores democráticos liberales en los que Europa se asienta le confieren una solidez incomparable y ningún régimen autoritario puede subvertirlos fácilmente.
 
Por Juan Antonio Falcón Blasco, miembro del Movimiento Europeo y del Team Europe de la Comisión Europea.
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