NUEVA ETAPA DE LAS RELACIONES EXTERIORES DE LA UNIÓN EUROPEA

09/09/2019

 

 
Resultado de imagen de Alto representante de la UE fotosPor Juan Antonio Falcón Blasco, miembro del Team Europe de la Comisión Europea y del Movimiento Europeo.

Los últimos lustros han sido especialmente movidos para la política exterior de la Unión Europea (UE). En el concierto de las naciones se han experimentado cambios profundos generadores tanto de una acrecentada competencia entre las grandes potencias, como de una postergación del orden internacional basado en reglas. A la par, algunos aspectos de la globalización (como el comercio o Internet) están siendo utilizados para dividir a los países en lugar de unirlos. Y por otro lado, el vecindario geoestratégico de la UE se ha vuelto un cinturón de inestabilidad.
 
Estos retos reflejan sobre todo un giro en el equilibrio del poder mundial, que ha transformado fundamentalmente el panorama de la política exterior de Estados Unidos. Como explica el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en uno de sus informes, los acontecimientos globales han hecho que los Estados miembros de la UE sean cada vez más vulnerables a presiones externas que les impiden ejercer su soberanía. Esta vulnerabilidad amenaza los intereses de seguridad, económicos y diplomáticos de la UE, permitiendo a otras potencias imponer sus preferencias. Como colofón de este escenario, los órganos de gobierno de la UE han hecho poco para superar las divisiones entre los Estados miembros y no han desempeñado un papel adecuado a la hora de responder a crisis como las de Ucrania, Siria o Libia.
 
Recordemos que para que la UE tuviera una posición relevante en el escenario global, los jefes de Estado o de Gobierno de la UE decidieron reformar la estructura institucional de la acción exterior europea en el Tratado de Lisboa de 2009. La medida más sobresaliente fue unir en una figura de “doble sombrero” el cargo de Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad y el de Comisario europeo de Relaciones Exteriores, a la vez que le proveían de un servicio diplomático, el Servicio Europeo de Acción Exterior. Además, con el objetivo de reforzar ese segundo papel, se le dio el rango de vicepresidente de la Comisión Europea, de modo que, al menos en teoría, pudiera coordinar la proyección exterior de todas las políticas comunitarias.
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El puesto de Alto Representante ha sido desempeñado por la británica Catherine Ashton (2009-2014) y la italiana Federica Mogherini (2014-2019). Y si bien Mogherini impulsó importantes avances (especialmente en materia de defensa europea), la británica y la italiana no han arrancado al cargo todo lo que se esperaba de él. El español Josep Borrell, como nuevo Alto Representante, tiene la oportunidad de relanzar la política exterior de la UE y de aunar a las instituciones de la UE y a los ministerios de Asuntos Exteriores nacionales detrás de una política exterior común a nivel de toda la UE. Igualmente, debe lidiar con la unificación o reestructuración de todos los fondos relacionados con la política exterior y de defensa de la Unión.
 
Junto a ello, el Alto Representante se enfrenta a tres desafíos. El primero es garantizar la soberanía estratégica de Europa. Así, tendrá que desarrollar estrategias para abordar las cuestiones diplomáticas y de seguridad más apremiantes de la UE, desde las amenazas procedentes de Rusia y China hasta los potenciales polvorines de Siria, África y los Balcanes.
 
Con ese objetivo, Borrell precisa equilibrar el mantenimiento de una postura dura sobre Rusia con un compromiso creativo en torno al flanco sur de la UE. La UE no necesita nuevas políticas exteriores, pero sí necesita nuevos mecanismos para implementar su agenda, así como un liderazgo competente que pueda inspirar confianza en los Estados miembros. Y para reafirmar la soberanía de la UE, el nuevo Alto Representante se verá obligado a lidiar con temas muy diversos, desde las sanciones secundarias y el uso del dólar como un arma por parte de Estados Unidos, hasta las crecientes amenazas de una guerra cibernética e híbrida en todo el mundo.
 
El segundo desafío radica en poner en funcionamiento la defensa europea. Aunque se ha hablado mucho de este asunto, y si bien la UE ha hecho progresos al lanzar proyectos industriales relacionados con la defensa, poner en marcha la PESCO, etc., su capacidad operativa continúa reducida. Conviene remarcar que en el caso concreto de brindar seguridad a su flanco frente a Rusia, todos los Estados miembros están llamados a aumentar su aportación futura en este escenario.
 
Resultado de imagen de defensa UE fotosPor otra parte, los europeos también podrían asumir ciertas operaciones militares hoy en manos de Estados Unidos, sobre todo la misión en Kosovo, donde Europa ya aporta la mayor cantidad de tropas. Es más, considerando el veto de Estados Unidos al respaldo de las Naciones Unidas al G5 del Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Nigeria) y la posible decisión de una retirada de tropas en algunos de esos países, la UE probablemente necesite aumentar su presencia en África.
 
En el aspecto institucional, puede ser un buen momento para que el Alto Representante de la UE adopte la idea de un “consejo de seguridad europeo”, originariamente propuesto por la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron. Tal organismo podría ofrecer un foro para discusiones estratégicas honestas entre los Estados miembros, y gestionar al mismo tiempo el compromiso diplomático con el Reino Unido después del Brexit.
 
El tercer desafío será el restablecimiento de la confianza entre los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados miembros y el Servicio Europeo de Acción Exterior. Lo cual está pendiente y necesitado de un empujón que estructure tal relación.
 
Por lo demás, como es lógico, para tan ingente tarea el nuevo Alto Representante necesitará un equipo sólido y un amplio respaldo dentro de la UE. Para nombrar a sus colaboradores, hay quien aboga por una elección entre miembros de la Comisión que ya tienen un mandato que cubre las cuestiones regionales clave del Sahel, los Balcanes y la Asociación Oriental. Pero otros sugieren que podría asignar parcelas de políticas específicas a los ministros de Asuntos Exteriores, que luego tendrían que informar a los Estados miembros y al Comité Político y de Seguridad de la UE. Esto cuenta con algunos antecedentes, como cuando la Alta Representante Catherine Aston asignó el informe sobre Georgia al ministro de Asuntos Exteriores polaco Radek Sikorski y al ministro de Asuntos Exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier, o como cuando asignó el informe sobre Moldavia a Sikokski y al ministro de Asuntos Exteriores sueco Carl Bildt.
 
Finalmente, se sugiere que sería positivo que el Alto Representante asignara a los Estados miembros el organizar grupos de trabajo sobre cuestiones esenciales, con el objetivo de identificar posiciones comunes e implicarlos más en una acción conjunta de la UE.
 
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Lo expuesto podría ayudar a la UE a afrontar los retos de los próximos años como un bloque unido. Y, desde luego, hay que recalcar que su objetivo prioritario debería ser garantizar la soberanía estratégica de Europa. La UE todavía es el mercado más importante del mundo, incluye a algunos de los presupuestos de ayuda nacionales más cuantiosos, representa el segundo nivel más alto de gasto en defensa y puede desplegar el mayor cuerpo diplomático. Si la Unión es capaz de activar estos valores al servicio de una planificación más amplia, puede convertirse en un actor de primer orden del siglo XXI, y no ser el juguete de otras grandes potencias.
 
En un mundo en el que Rusia se empeña en conducirse siguiendo la estela de la antigua Unión Soviética, en el que China hará todo lo necesario para ser la superpotencia del siglo XXI y en el que Estados Unidos está desnortado y hace del resto del mundo su enemigo, Europa, la Unión Europea, aparece como el único reducto de sensatez y de equilibrio en el contexto internacional. Articular los mecanismos para que eso sea así es la tarea más importante de la política exterior de la Unión.
 
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