¿Quo vadis Europa?

30/03/2019

  • LA ROTONDA I Por Juan Antonio Falcón Blasco Juan Antonio Falcón Blasco pertenece al Movimiento Europeo

¿Quo vadis Europa?

En el camino hacia un federalismo de los Estados Unidos de Europa se podría encontrar la gran respuesta global a las dificultades que acechan a los europeos

Todo alrededor de la vieja Europa está mutando, y al antaño corazón del poder mundial le cuesta adaptarse a las nuevas realidades. La humanidad prosigue su devenir y coloca su centro de gravedad principalmente en Asia. En este escenario, cabe preguntarse qué papel está jugado la UE en el juego de los acontecimientos que marcan la agenda del planeta.

Las tensiones geopolíticas y geoeconómicas entre las mayores potencias están aumentando. Al mismo tiempo, con el trasfondo de la cuarta revolución industrial, la divergencia entre países está ganando terreno a la anterior globalización. Mientras tanto, da la sensación de que la UE reacciona tarde y sin pautas ante los diversos hechos que se suceden en el ámbito de las relaciones internacionales.

Por otra parte, el peso específico de Europa está en declive y ya no cuenta con el paraguas defensivo de los norteamericanos de forma incondicional. Además, los europeos han asistido pasivamente a la suspensión por parte de Estados Unidos y Rusia del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), lo cual puede suponer que una nueva carrera de armamento nuclear renazca en su suelo. Con lo que el Viejo Continente volverá a ser un lugar más inseguro.

El antaño elogiado ‘poder blando’ que ejerce la UE (el trío comercio, ayuda al desarrollo y diplomacia) es cada vez menos efectivo, por lo que el club europeo se ha visto empujado a fortalecer su ‘poder duro’ a través de la Política Común de Seguridad y Defensa.

La mayoría de los europeos no saben que la UE ha destinado casi 80.000 millones de euros a investigación e innovación a través del programa Horizon 2020. Lo cual es mucho más que lo gastado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos (Darpa) en los últimos 60 años. La investigación de Darpa condujo a internet, el microchip, las tecnologías ocultas, el GPS, el reconocimiento de voz o los vehículos autónomos. En cambio podemos preguntarnos dónde están las innovaciones de la UE que cambian el mundo.

Estados Unidos representa el 85% de los trabajos de investigación sobre inteligencia artificial publicados, mientras que todos los países europeos sólo alcanzan el 7%. Las estrategias de innovación nacional de los países europeos todavía continúan muy fragmentadas y desconectadas, y se están quedando atrás. Por otra parte, pese a los esfuerzos emprendidos en algo cada vez más prioritario, como es la ciberseguridad, el panorama no es mejor.

Igualmente, Europa debería ser estratégica en cuanto al espacio, porque ahí es donde se decidirá la carrera de las comunicaciones, la geolocalización y las tecnologías de vehículos autónomos, por no hablar de los conflictos militares. Sin embargo, el fabricante de cohetes europeo Ariane Group ha tenido que deshacerse del 25% de su personal, debido a la obsesión de los Estados miembros por obtener rendimientos a corto plazo para ellos mismos.

Los europeos están perdiendo iniciativa en un mundo que empieza a no contar con ellos en lo económico, político, militar y, sobre todo, en la toma de decisiones dentro de la comunidad de las naciones. Asimismo está en jaque el sueño de que Europa continúe siendo la zona más segura, de mayor respeto a los derechos humanos y con un estándar de bienestar más generalizado entre sus ciudadanos.

Ante este paisaje cabe preguntarse a dónde van los europeos y cómo deben afrontar los retos a los que se enfrentan. El debate da para mucho, pero lo que sí parece obvio es que los países europeos, aisladamente considerados, cada vez tienen menos peso político y económico. Esta imperiosa necesidad de integración está incrementada por las amenazas surgidas en todas las fronteras europeas.

Las deficiencias, dudas y retrasos en el proyecto de una UE verdaderamente sólida han favorecido que los mencionados retos que envuelven a Europa, a veces, no se hayan resuelto convenientemente. Los europeos divididos no tendrán ni relevancia ni peso, solamente unidos, con altura de miras y deshaciéndose de endogamias malsanas, podrán hacer valer sus intereses en un mundo cada vez más multipolar. Sin duda, en el camino hacia un federalismo de los Estados Unidos de Europa se podría encontrar la gran respuesta a las dificultades que acechan a los europeos.

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